Seis y cuarto a.m., mi respiración formaba una nube de vaho cada vez que exhalaba, sentado en un poyete de hormigón, el cual helaba mi trasero, con la mochila a mi lado y las manos cubiertas por los guantes seguían teniendo frio, sin quitármelos, de un bolsillo saco una barrita energética e intento abrirla con la mano derecha ayudada por la izquierda, que sostenía el móvil con el que estaba escuchando una canción de Paul Weller, un poco más a la izquierda una chica, a la que no había visto jamás, cubierta por varias capas entre las que había cuello vuelto, capucha, bufanda, miraba al infinito sin prestarme atención, al no poder abrirla opto por quitarme un guante, el de la mano derecha, muerdo la punta con la boca para tirar de el, al hacerlo la barrita se resbala y cae, con el guante en la boca intento atraparla con la mano desnuda, no la consigo coger, pero del golpe se eleva y vuelvo a intentarlo, esta vez levantándome, al hacerlo mi brazo golpea la mochila que cae al suelo, como un malabarista atrapo la barrita, pero al dar un paso mi pie atrapó la correa de la mochila y al recuperar mi posición inicial y arrastrar la mochila, esta tropieza con mi otra pierna haciéndome perder el equilibrio y cayendo hacia atrás donde estaba el poyete de hormigón, para no darme me apoyo en el, en mi mano izquierda el móvil, por lo que me sujeto con la derecha…, en esa mano estaba la barrita, he de decir que la barrita era de chocolate y quedó totalmente aplastada entre mi mano y el hormigón, quedando la situación de la siguiente manera, tumbado boca arriba, en la boca un guante, en una mano el móvil, en la otra la barrita desparramada e impregnándola de chocolate, la mochila enganchada en los dos pies y el autobús llegando en ese momento a la parada. La chica me miraba fijamente, no reaccionaba solo me miraba, he respirado, la he mirado y tras un instante que ha sido eterno la he dicho, “yo en tú caso me descojonaría”, ha pasado otro instante y de repente, se ha empezado a descojonar, una risa contenida que explotó de repente, yo la he mirado y he empezado a hacer lo mismo, por fin ha llegado el autobús, me ha ayudado a levantarme y sin parar de reírnos nos hemos subido, yo he tardado un poco en sentarme, buscar el abono, limpiarme la barrita, colocarme.., un estrés.
Ella se ha bajado una parada antes que yo, desde que se ha incorporado hasta llegar a la puerta en espera de que se abriera ni me ha mirado, pero al abrirlas, me ha mirado para despedirse, ha hecho el gesto con la cabeza y según decía adiós, se ha vuelto a descojonar, yo he hecho lo mismo y se ha ido riendo, pero por simple humor, sin maldad, podría haberme sentado mal, pero aunque el protagonista fuera yo, la situación había sido grotesca, un acto que me podía haber amargado el principio del día me lo ha alegrado, a mí y a la chica que fue espectadora de todo, y los dos hicimos lo que debíamos, tratar a la vida con humor siempre que se pueda…