miércoles, 29 de febrero de 2012

Era media noche...

Era media noche, la habitación a oscuras y yo no podía dormir…
Mi cabeza sin nada que hacer, no había ruidos, ni imágenes, ni sensaciones.., la realidad estaba apagada, así que comencé a utilizar lo único que tengo que no depende de ella, la imaginación.
Llevo tres años durmiendo en la misma habitación, comencé a girar mi cabeza escudriñándola de un lado al otro, no podía ver nada, pero sabía, o creía saber lo que había en cada lugar. Tenía una caja de fósforos en la mesilla, tanteando llegué hasta el cajón que la contenía, lo abrí y buscando con mis dedos entre las cosas esparcidas por el las encontré, me incorporé y apoyé en el cabecero de la cama, empecé por la derecha.
Con la barbilla junto al hombro mi imaginación me mostró ese rincón, una mesilla de color negro, una lámpara que sale desde el suelo con tres ramas, cada una de ellas con una luz en su extremo, todo ello en la pared donde estaba apoyada, perpendicular a todo ello una cómoda de color oscuro también, con una lámpara de velas sobre ella, decidí encender un fosforo…
De repente todo se iluminó, la mesilla me mostró el brillo de su parte superior que contrastaba con el mate de la inferior, reflejando la luz en la pared y mezclándose con el continuo movimiento de las sombras que en ella producía el gotele, la lámpara me mostró los miles de colores que las cúpulas que cubrían las bombillas tenían en su interior y la lámpara de velas, con cada una de ellas de un color distinto, terminaba de mostrar un rincón, que mucho más allá de lo que mi imaginación me mostraba, tenía una imagen que nunca, hasta ese momento, había percibido. Poco a poco el fosforo fue apagándose, progresivamente iba perdiendo intensidad y todo el rincón fue apagándose, al quedarse oscuro, intenté volver a traer la imagen de el de mi memoria…, esta vez mi memoria la trajo con todos sus colores, sus matices, su belleza…, ya nunca mi memoria perdería esos detalles que, hasta ese momento, no había retenido.
Desde entonces no pierdo detalle cada vez que algo ilumina mi cotidianidad y me muestra, en su justa medida, lo que la costumbre se encarga de apagar y la memoria termina de borrar, en la infinidad de detalles que hacen de cada momento algo único, y que casi nunca logramos apreciar…


No hay comentarios:

Publicar un comentario