jueves, 31 de mayo de 2012

La extraña belleza de la sinrazón

La extraña belleza de la sinrazón, esa fue mi respuesta cuando me preguntaron el motivo de mis actos…, la extraña, belleza, de la sinrazón…
Uno de ellos a cada lado me llevaban hacia el exterior, en esos momentos el sonido de mí alrededor era solo un murmullo lejano, aunque veía en sus rostros que los sonidos eran lanzados con fuerza, algunos se dirigían a mi directamente, yo solo miraba al frente.
Se frenaron en seco, sujetaban con fuerza mis brazos esposados a mi espalda, por lo que yo también me frené, en ese momento me vi reflejado en el cristal de la puerta que tenía en frente, sin camisa, estaba cubierto de sangre, la tenía en los brazos, en la cara, en el pelo, mi rostro desencajado señalaba que lo que acababa de vivir, no había sido una situación habitual, ni común, para bien o para mal, había sido algo excepcional.
En los siguientes días no paraba de pasar gente por mí, primero en el hospital donde me hicieron un reconocimiento médico, pruebas clínicas, análisis sicológicos, cómo me va a investigar alguien que siente pánico por mi presencia. Después en la comisaría donde estuvieron interrogándome durante horas, muchas horas, no sé quien diseña los procesos de interrogatorio, pero están hechos para que solo los necios puedan ser doblegados por ellos, el único efecto real que producen es aburrimiento, del método en sí y de quien lo ejecuta. Más tarde fue en la prisión, donde me explicaban y me explicaban, cómo iba a ser mi estancia, por qué tenían que aislarme, que era por mi bien y el de los demás reclusos, aburrido. En todo este tiempo no dije ni una sola palabra, solo esperaba lo que iba a suceder ahora.
Encendí la televisión, era sábado por la noche, puse la primera de Tve, Informe Semanal, el primer reportaje, yo, la primera imagen, mi salida de la casa…, imponente, la noche y los focos iluminándome, me resaltaban en un contraluz que agrandaba mi imagen, la sangre, mi ropa desgarrada, la policía escoltándome, era una imagen increíble, no podía quitar los ojos de la pantalla…, era un dios…, todos se aterraban a mi paso, todos se fascinaban con el horror que representaba, pero todos querían saber, todos querían opinar y sobre todo, todos querían saber de mi, por qué,  querían conocerme, querían estar cerca, hasta ese momento nadie se había fijado en mi, nadie se había interesado por mí, ahora tenía imagen, tenia presencia, tenía la atención de los demás, tenía la extraña belleza de la sinrazón…

miércoles, 29 de febrero de 2012

Era media noche...

Era media noche, la habitación a oscuras y yo no podía dormir…
Mi cabeza sin nada que hacer, no había ruidos, ni imágenes, ni sensaciones.., la realidad estaba apagada, así que comencé a utilizar lo único que tengo que no depende de ella, la imaginación.
Llevo tres años durmiendo en la misma habitación, comencé a girar mi cabeza escudriñándola de un lado al otro, no podía ver nada, pero sabía, o creía saber lo que había en cada lugar. Tenía una caja de fósforos en la mesilla, tanteando llegué hasta el cajón que la contenía, lo abrí y buscando con mis dedos entre las cosas esparcidas por el las encontré, me incorporé y apoyé en el cabecero de la cama, empecé por la derecha.
Con la barbilla junto al hombro mi imaginación me mostró ese rincón, una mesilla de color negro, una lámpara que sale desde el suelo con tres ramas, cada una de ellas con una luz en su extremo, todo ello en la pared donde estaba apoyada, perpendicular a todo ello una cómoda de color oscuro también, con una lámpara de velas sobre ella, decidí encender un fosforo…
De repente todo se iluminó, la mesilla me mostró el brillo de su parte superior que contrastaba con el mate de la inferior, reflejando la luz en la pared y mezclándose con el continuo movimiento de las sombras que en ella producía el gotele, la lámpara me mostró los miles de colores que las cúpulas que cubrían las bombillas tenían en su interior y la lámpara de velas, con cada una de ellas de un color distinto, terminaba de mostrar un rincón, que mucho más allá de lo que mi imaginación me mostraba, tenía una imagen que nunca, hasta ese momento, había percibido. Poco a poco el fosforo fue apagándose, progresivamente iba perdiendo intensidad y todo el rincón fue apagándose, al quedarse oscuro, intenté volver a traer la imagen de el de mi memoria…, esta vez mi memoria la trajo con todos sus colores, sus matices, su belleza…, ya nunca mi memoria perdería esos detalles que, hasta ese momento, no había retenido.
Desde entonces no pierdo detalle cada vez que algo ilumina mi cotidianidad y me muestra, en su justa medida, lo que la costumbre se encarga de apagar y la memoria termina de borrar, en la infinidad de detalles que hacen de cada momento algo único, y que casi nunca logramos apreciar…


martes, 14 de febrero de 2012

Agitación

Como cada día, como cada noche, cerré los ojos…
¡¡¡Abrí los ojos!!! El pasillo era interminable, no paraba de correr, solo así no me cogerían, la desesperación superaba a la fatiga y el ahogo constante era superado por el miedo, doblé una esquina y de la velocidad choqué con una puerta, la número 23, a lo lejos la siguiente esquina, enfilé su camino, sin mirar atrás, sin pararme a pensar, se fue acercando, las puertas pasaban a ambos lados y a toda velocidad, llegué y la quise volver a doblar lo más rápido posible, volví a encontrar una puerta en mi camino, y choqué con ella, la número 23, a lo lejos la siguiente esquina, cerré los ojos un instante.
¡¡¡Abrí los ojos!!!  Recorría las escaleras empinadas, los escalones de dos en dos, incluso de tres en tres, iba dejando los tramos tras de mí, notaba como estaban cerca, muy cerca, en todos los descansillos por los que pasaba, veía el cartel sobre la puerta, “Garaje”, todas estaban cerradas, pero en el siguiente estaba entre abierta, decidí atravesarla, vi los escalones empinados y comencé a bajarlos, los escalones de dos en dos..., cerré los ojos un instante.
¡¡¡Abrí los ojos!!!  El sol calentaba mi piel, tumbado sobre la arena en el borde de la playa, una playa interminable en ambos lados, las olas mojaban mis pies, el sol me cegaba e intenté incorporarme, había algo que me lo impedía, lo intenté de nuevo, era imposible, algo tiraba de mis brazos cada vez que lo intentaba, giré mi cabeza para mirar una de mis manos, me pareció que estaba enterrada, no podía sacarla, tiré y tiré sin éxito, entonces me fijé con mayor detalle, no estaba enterrada, mi mano se fundía con la arena, convirtiéndome en ella, desde la muñeca hacia abajo era arena, me giré hacia el otro lado y era igual, cada vez tiraba más de mi, y vi cómo cada vez más, mi cuerpo se iba convirtiendo en arena, los antebrazos, las piernas, el tronco, las olas chocaban contra mi e iban arrastrando partes de mi cuerpo, convertido en arena, hacia el mar, me estaba descomponiendo, me perdía en la inmensidad de esa playa, cerré los ojos un instante.
¡¡¡Abrí los ojos!!!  Estaba frente a mí, hablaba y hablaba, sin parar, de todo, de nada, a veces escuchaba su voz, otras solo veía el movimiento de sus labios, pero yo no podía parar de reírme, reía y reía, lo que decía y lo que no, era graciosísimo, mis carcajadas eran constantes, me lo estaba pasando genial, no me había divertido tanto en mi vida, cerré los ojos un instante.
¡¡¡Abrí los ojos!!!  El despertador estaba sonando, extendí el brazo y lo apagué, me apoyé en el cabecero de la cama, y las carcajadas iban a menos, no sabía por qué, pero me estaba riendo, tenía un humor esplendido, me levanté y me dirigí al cuarto de baño, seguía riéndome, la sonrisa me acompaño hasta que salí de casa, cerré la puerta y pensé, hoy va a ser un buen día seguro, no sé por qué, pero lo va a ser, dentro de mí, lo noto…

jueves, 5 de enero de 2012

La Caida

Seis y cuarto a.m., mi respiración formaba una nube de vaho cada vez que exhalaba, sentado en un poyete de hormigón, el cual helaba mi trasero, con la mochila a mi lado y las manos cubiertas por los guantes seguían teniendo frio, sin quitármelos, de un bolsillo saco una barrita energética e intento abrirla con la mano derecha ayudada por la izquierda, que sostenía el móvil con el que estaba escuchando una canción de Paul Weller, un poco más a la izquierda una chica, a la que no había visto jamás,  cubierta por varias capas entre las que había cuello vuelto, capucha, bufanda, miraba al infinito sin prestarme atención, al no poder abrirla opto por quitarme un guante, el de la mano derecha, muerdo la punta con la boca para tirar de el, al hacerlo la barrita se resbala y cae, con el guante en la boca intento atraparla con la mano desnuda, no la consigo coger, pero del golpe se eleva y vuelvo a intentarlo, esta vez levantándome, al hacerlo mi brazo golpea la mochila que cae al suelo, como un malabarista atrapo la barrita, pero al dar un paso mi pie atrapó la correa de la mochila y al recuperar mi posición inicial y arrastrar la mochila, esta tropieza con mi otra pierna haciéndome perder el equilibrio y cayendo hacia atrás donde estaba el poyete de hormigón, para no darme me apoyo en el, en mi mano izquierda el móvil, por lo que me sujeto con la derecha…, en esa mano estaba la barrita, he de decir que la barrita era de chocolate y quedó totalmente aplastada entre mi mano y el hormigón, quedando la situación de la siguiente manera, tumbado boca arriba, en la boca un guante, en una mano el móvil, en la otra la barrita desparramada e impregnándola de chocolate, la mochila enganchada en los dos pies y el autobús llegando en ese momento a la parada. La chica me miraba fijamente, no reaccionaba solo me miraba, he respirado, la he mirado y tras un instante que ha sido eterno la he dicho, “yo en tú caso me descojonaría”, ha pasado otro instante y de repente, se ha empezado a descojonar, una risa contenida que explotó de repente, yo la he mirado y he empezado a hacer lo mismo, por fin ha llegado el autobús, me ha ayudado a levantarme y sin parar de reírnos nos hemos subido, yo he tardado un poco en sentarme, buscar el abono, limpiarme la barrita, colocarme.., un estrés.

Ella se ha bajado una parada antes que yo, desde que se ha incorporado hasta llegar a la puerta en espera de que se abriera ni me ha mirado, pero al abrirlas, me ha mirado para despedirse, ha hecho el gesto con la cabeza y según decía adiós, se ha vuelto a descojonar, yo he hecho lo mismo y se ha ido riendo, pero por simple humor, sin maldad, podría haberme sentado mal, pero aunque el protagonista fuera yo, la situación había sido grotesca, un acto que me podía haber amargado el principio del día me lo ha alegrado, a mí y a la chica que fue espectadora de todo, y los dos hicimos lo que debíamos, tratar a la vida con humor siempre que se pueda…