miércoles, 30 de noviembre de 2011

Mis cadáveres

Hay muchas cosas que se dan por hechas al haber existido desde los primeros recuerdos y se piensa que continuaran estando ahí por siempre, pero nada es para siempre.
Cuando se tiene conciencia de que una de esas cosas es una de las que ha mantenido tú existencia, te das cuenta que para eso no estás preparado, por mucho que hayas recibido, dado, padecido y tolerado, nada te prepara y cada situación a la que te enfrentas es una situación nueva, distinta, que debes asumir, como mejor puedas.
Vivo con un felpudo, bajo el cual, echo mis basuras, allí debajo y sin verlas, desaparecen…, pero si algo levanta polvareda, aparecen y con más fuerza todas las miserias que he acumulado, sabiendo que si no se soluciona algo, antes o después volverá, quien es capaz de solucionar todo en una vida, quien es capaz de no equivocarse, solo hay una manera, negarse la experiencia, no recorrer camino para no tropezar, pero prefiero tropezar, si puedo soportar el peso de los cadáveres de mi vida, prefiero cargar con ellos y mirar hacia atrás viendo un largo recorrido.
Algunos pesan…, y cada día más, lo que viene me va a pesar y mucho, va a levantar polvareda, podré ver como lo más querido se va marchitando, va desapareciendo sin poder retenerlo, como el agua de una fuente que intentas retenerla con tus dedos y siempre acaba marchándose entre ellos , podré…, podré con ello, solo tengo que saber qué es importante y qué no, solo tengo que saber lo que debo hacer, porque lo debo hacer y hacerlo, sin más, como otras veces hice, de fatídico recuerdo pero de espectacular resultado, me traerá otro cadáver, este muy pesado.
Debería enterrar mis cadáveres, debería sacarlos de su fugaz escondite para llevarlos donde descansen para siempre, donde, aunque llevándose una parte de mi, nunca más tenga que soportar su peso, lo haré y lo haría ahora mismo si supiera cómo..., pero a esto tampoco enseña nadie...
Mientras, cada vez que aparezcan, miraré el horizonte, miraré el infinito y pensaré en lo insignificante que es mi existencia, en lo insignificante que son mis problemas, en que solo existen porque yo existo,  me encerraré con ellos en lo más profundo de mi conciencia, les miraré a los ojos y les golpeare, siendo su rostro el mío propio, hasta que agotado de darme y recibirme, se retiren y vuelva a su oscuro recoveco donde agazapados siguen viviendo, pero nunca dejaré que salgan del sitio donde solo yo debo estar, nunca debo dejar que nadie les vea, que nadie les sufra.
Yo soy mis cadáveres, pero podría ser sin ellos o todo esto es una quimera y al igual que ellos no existen sin mí, yo no existiría sin ellos, o es posible que no existan ellos y yo, que yo soy todos.., entonces mis intentos no servirían de nada, mis divagaciones no servirían de nada, nada serviría de nada y el simple hecho de diferenciarlos sea por el hecho de no querer o no saber enfrentarme a ellos, o de no saber que no debo enfrentarme a ellos, solo debo saber de su existencia, solo debo dejar de pensar, podré dejar de hacerlo…, debo terminar con esto y lo haré.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Yo

No habrá peleas, no habrá miradas.
Mirar y no ver, ver sin mirar, todo vale para no tener que asumir que lo que quise, solo existe en mi interior y la realidad nunca existirá dentro de la frontera de mi autocomplacencia.
Salir no es una opción, al igual que nunca lo fue dejar entrar, la soledad de la conciencia dejaba la puerta abierta esperando que, al acercarse, no volviera a cerrarla con el portazo de la dependencia, dependencia de mi mismo, dependencia de la negación de mi propia inexistencia, por la cual debo seguir.
Decoro el interior con retratos de todo lo no conocido y con rostros girados sobre su desilusión, sobre colores de la nada con pinceladas de vacío, para poder deambular en el mayor de los desasosiegos, en la cotidianidad del paso del tiempo, para llegar al minúsculo recoveco por el que diviso la realidad y prendarme de sus matices y sus peculiaridades, prendarme de sus tonos, para desearla como si fuera el mayor de los misterios y en realidad, que así sea…
Paseo por las orillas de la demencia con el ímpetu del novicio ávido de conocimiento, que en cuyo caso, su mayor logro sería borrar todo lo aprendido y aprender a nunca más saberlo, divisando el infinito desde aquí, solo anhelo poder dar un paso tras otro hacia mi destino, desbloquear, desbloquearme, pasar por el pánico de la decisión, sin que eso me lleve al desastre, sin que eso me lleve al punto de partida de donde nunca saldré…, aunque…, me veo a mi mismo incapaz de adentrarme en él, tanto como de alejarme.
El tiempo pasa despacio, no, en realidad, pasa alterando todo en su recorrido mientras él perdura, quiero controlar el tiempo, quiero ser el tiempo, pero me conformaré con no ser su próxima presa, su próxima víctima.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Mi dedo índice

Cada día veía mi dedo índice de la mano derecha, como los demás, sin pararme en el, un día me dio la sensación de que con el tiempo estaba cambiando, no sé, lo veía como más huesudo, en fin, todo cambia y el tiempo no pasa en balde.
La verdad es que me gustaba más antes, últimamente no sé por qué, me fijo en las manos de los demás, y hay por ahí dedos índice muy bonitos, antes no me fijaba en esas cosas, pero si, los hay preciosos.
Escuché decir a alguien en la oficina “Te has fijado que manos más bonitas tiene..”,  las manos son muy importante, la gente se fija mucho.
Acabo de salir de una reunión, que mal rato he pasado, me he sentado al lado de la cliente, hemos empezado a hablar entre nosotras y al entrar en la conversación un compañero que teníamos en frente, las dos nos hemos apoyado en la mesa mirándole, nuestros brazos en paralelo, nuestras manos casi juntas y mi índice ahí…, junto al suyo, precioso, creo que nadie se ha dado cuenta, rápidamente he retirado la mano y la he puesto bajo la mesa, desde ese momento mi mano derecha ha sujetado un bolígrafo, en esa postura casi es imperceptible mi deformidad.
Había estado todo el invierno casi sin problemas, todo el tiempo con guantes y todo iba bien, pero la primavera llegaba, ya en alguna ocasión alguien me había hecho algún comentario en tono jocoso sobre mi aprensión a quitármelos, no sabía qué hacer, no podía seguir así, empieza a ser deforme, veo como la gente lo mira y se repugna, igual que me pasa a mí.
No hago nada con la mano derecha, sobre todo nada que implique tocarme con esa mano, me da asco, por casa voy con la mano tapada con un guante, el resto del tiempo me he comprado una prótesis de sujeción de los dedos, donde el índice y el corazón están unidos y tapados, ya me estoy acostumbrando a hacer todo con la mano izquierda.
Acabo de echar a un compañero de la oficina de mi casa, llevábamos mucho tiempo tonteando y esta noche nos hemos ido a tomar algo, hemos terminado en mi casa enrollándonos, con el fulgor del momento, no me he dado cuenta y me había quitado la prótesis, en un momento me ha cogido la mano y la ha besado, no ha dicho nada y ha seguido como si nada, pero yo sé lo que ha pensado, por corte habrá seguido pero seguro que le he parecido asquerosa, y seguro que ha seguido aquí por pena, pues no necesito la compasión de nadie, le he tirado las cosas al pasillo y lo he echado, encima me decía que no sabía que había hecho, sigue, sigue con tú complacencia, pero en otro lado…
Hacía noches que no dormía, cada amanecer era enfrentarme a mi tortura, nadie entendía por lo que estaba pasando y además todos  se habían puesto de acuerdo para decirme lo mismo, que mi dedo era normal, no se dan cuenta que así no me ayudan, que no me pueden engañar, tengo ojos para verlo, pero creo que estoy sola con mi problema, nadie quiere ayudarme.
No sé para que hablo con nadie, ni sé cómo funciona este mundo, acabo de salir del médico, por qué, por qué nadie quiere ayudarme, me dice que tengo un dedo normal, pero por qué quieren amargarme la vida, primero fue mi familia, después mis amigos, ahora hasta un medico que no me conoce, nadie puede ver por lo que estoy pasando, encima me da cita para ver al psicólogo, no lo necesito, yo sé lo que necesito…
Me quedé mirándolo, creo que es uno de los momentos más felices de mi vida, mi mano encima de la toalla, estaba todo cubierto de sangré que brotaba por un pequeño chorro a cada latido de mi corazón, pero eso no importaba, no sentía ni dolor, solo alivio, no podía apartar mi mirada del dedo índice, hacía casi un año que no podía mirarlo y ahora no podía parar de hacerlo, he estado soñando con este momento mucho tiempo, verlo separado de la mano me proporcionaba una felicidad inmensa, solo eran un par de centímetros que se había retirado tras cercenarlo con el cuchillo, pero ya no era mío, ya no formaba parte de mí, ya nunca más tendría que volver a verlo  adosado a mi mano…, solté el cuchillo lo cogí con una servilleta y lo tiré, justo un instante después me desmayé.
Tras seis meses de terapia, el médico insistió, hoy me han dado el alta, aunque yo estoy normal, pero insistieron, a mi no me ha servido de nada, porque no me pasaba nada, lo único que hice fue solucionar el problema que tenía, nada más, ahora me encuentro fenomenal, estoy tan feliz viendo mis manos y la derecha con sus cuatro dedos está preciosa, no como antes, aunque…, no he dicho nada pero hace un par de días que vengo observando al dedo anular y…, no sé…

jueves, 3 de noviembre de 2011

Mira por la ventana

Mira por la ventana, hoy es un precioso día.
Sujeto la taza con mis dos manos entrelazadas mientras miro por la ventana, ya ha amanecido hace rato y el cristal mojado por la lluvia refleja el frio del exterior, tengo todavía el pelo un poco húmedo tras la ducha, me lo he dejado secar al aire mientras desayuno.
Al mirarme al espejo, no sé que veo, no reconozco lo que veo, solo repaso con la mano mi rostro.
Con un albornoz como único abrigo me apoyo en la ventana, las manos calientes, los pies desnudos fríos, la cara acalorada por el agua caliente de la ducha, pero de cuando en cuando, juntaba una de mis mejillas con el vidrio para refrescarla, en ese momento cerraba un instante los ojos para solo sentir el alivio del frio, en ese momento no había nada.
Encima de la mesa y frente al hueco de la taza que sujetaba con mis manos, un vaso con café, el azucarero frente a ella y una tostada a su lado esperaban, como yo.
El silencio de esos minutos de paz y soledad me sirve como preludio, en estos momentos es cuando me preparo, cuando me aíslo, cuando consigo las fuerzas para soportar.
Veo la calle, la gente pasar, lo veo desde mi torre, pero ellos no me ven a mí, no existo, sé que soy nada.
Todo el movimiento del exterior y la vida que veo en la distancia, es  solo una ilusión, es la vida que está ajena a mí, la vida en la que un día estuve y ahora solo recuerdo, fue hace tanto, no sé cómo he llegado aquí, supongo que poco a poco, cuando lo anormal se convierte en rutina, cuando lo inadmisible en común, cuando lo irracional en cotidiano, es cuando ya no puedes regresar.
Escucho sus pasos, a partir de aquí solo me queda esperar, esperar su voluntad, esperar su ira, esperar.
Antes me refugiaba en los recuerdos y en las esperanzas, en los recuerdos de lo que fue, en las esperanzas de lo que pensé que iba a ser, cuando me enamoré de él, cuando me sentía protegida por él, cuando su fuerza era mi resguardo, cuando su ímpetu era mi motor y todo eso me hacía sentirme segura.
Ya, los recuerdos solo me atormentan, perdida la esperanza, perdida la ilusión, perdida la alegría solo me someto, sin voluntad me he convertido en nada.
Todo comienza otra vez, como todos los días, como cada día, esta es mi vida, golpes, insultos, humillaciones, llanto, llanto por mí, llanto por él, llanto…
Cuanto él más grita, más suben los volúmenes de televisiones y radios a mi alrededor y  cuanto más suben esos volúmenes, menos se puede escuchar mi voz en ninguna parte, su indiferencia hace que, más allá de la cobardía de mi alrededor, no pueda llegar mi grito de socorro, mi petición de ayuda, su cinturón de indiferencia me aísla más de la realidad y con su negación a mí, me niegan también la posibilidad de traspasarles y buscar más allá, su traición es doble, su cobardía es doble.
Soy un cadáver, un cadáver que respira, que siente, que sufre, pero un cadáver que nadie quiere ver, del que nadie quiere saber y al que hay que enterrar para lavar conciencias, enterrar en la indiferencia y el olvido.
Cuanto más me ignoran, más me empujan hacia él, más le convierten en lo único en mi vida, hacen mayor su victoria y mucho mayor mi derrota.
Temor, temor a que decir y a como decirlo, por lo que deje de hacerlo, a mirar y a como mirar, por lo que deje de hacerlo, a pensar y a como pensar, por lo que deje de hacerlo, y así, ser yo misma quien se aísla, ser yo misma quien no se relaciona, ser yo misma quien se maltrata, ya ni siquiera tiene que hacerlo él.
Era preciosa, en todas las fotos salía riéndose, cuando era yo, tenía toda la vida por delante y mil ilusiones y en un momento decidí que todas pasaran por él, que en todas estuviera él, le abrí mi vida para que entrara, entró y arrasó todo a su paso, me vació…, era preciosa.
Por fin, se ha cerrado la puerta, se va, vuelvo al silencio, a la soledad, a la frustración, a esperar.

Mira por la ventana, ¿hoy es un precioso día?