Estaba lloviendo, así llevaba todo el día, era media tarde y me encontraba en la habitación del hotel, sin conexión wifi, perdido en medio de un pueblo de nombre extraño y en mitad de un fin de semana de reunión de empresa.
Tras una comida copiosa como pocas, con un programa especialmente dedicado a hacer equipo, para que los allí presentes formemos lazos personales y aumentemos la productividad de la empresa, etc., etc.…, gilipolleces, le das un curso a un directivo y ya es el rey del mambo, ya tiene la posibilidad de lucirse enseñando nuevas técnicas, traídas de estados unidos.., o de yo que sé donde.., es lo mismo, nunca sirve para nada, se crea un ambiente distendido, para enseguida volver a marcar los roles de siempre, directivos jugando a ser directivos, pero solo consiguen jugar a ser niños malcriados…
En esas estaba, intentando huir de alguna manera de todo aquello, tras varios intentos y varios fracasos descubrí que solo tenía una opción, mirar por la ventana, desde un alto veía parte del pueblo, al fondo las montañas, en medio parajes de pasto y todo ello regado por a fina lluvia incesante, tras unos momentos miré, vi, pero no podía estar más tiempo, haciendo qué…, cama, silla, baño, el aburrimiento me podía, tras varios intentos más y ya totalmente resignado, volví a la ventana, acerqué una silla, la puse frente al paisaje, respiré profundamente y miré…
Al fondo había ganado pastando, tranquilo, pausado, estuve varios minutos contemplándolo, llegué con la mirada a las montañas no se veía la cumbre, pero eran bellas, el tono gris del cielo contrastaba con el colorido otoñal de los árboles, rojo, marrón, verde, todo en tonos pasteles, bajé la mirada hasta las casas, piedra y teja, nadie en las calles, solo el humo de las chimeneas imprimía algo de movimiento a tanta quietud y no muy lejos una tenue luz en una ventana y un rostro en ella, era una mujer, miraba al infinito, me quedé observándola, tenía las piernas recogidas en su pecho rodeándolas con un brazo y en el otro una taza, la cual cada cierto tiempo se llevaba a la boca y daba un sorbo del contenido, estaba relajada, estaba viendo pasar el tiempo con pausa, la que yo había tardado en conseguir toda la tarde, a duras penas.
El pelo largo que caía por el rostro recogido tras la oreja, era moreno y liso, la piel tostada y un jersey de cuello vuelto era todo lo que veía de ella, pero no quería mirar nada más, pasé tiempo observándola y su paz se convertía en la mía.Tras un buen rato, hizo un movimiento para incorporarse, fue a cerrar las cortinas y en ese momento ella me miró a mi, no sé si durante todo ese tiempo sabía que la estaba mirando, pero parecía saberlo, nos miramos durante unos momentos, ella dibujo una leve sonrisa que mantuvo unos momentos, para bajar la mirada cerrar las cortinas y desaparecer, yo desconcertado seguí en la ventana y volví a observar el paisaje, así estuve durante otro buen rato, en realidad esperaba que volviera a asomarse o ver algún movimiento, algo…, pero no volví a verla…
Como todos los años estaba en la reunión de empresa, un año más, no recuerdo nada de los supuestos ejercicios de convivencia del año anterior, de las supuestas técnicas de grupo, de los supuestos beneficios que obteníamos, pero lo que no he olvidado ha sido aquel rostro, ni aquella paz que irradiaba, ni lo que disfruté observándolo, no he olvidado esa ventana ni la fina lluvia sobre el cristal, ni saber que de casi cualquier situación se puede obtener algo que nunca olvidaras y que las cosas sin precio, los regalos que de cuando en cuando obtenemos, son la vida…, la mejor vida…
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