Salía por la puerta de la torre de oficinas donde trabajaba, no hacía mucho frío, pero la ligera brisa refrescaba mi rostro sin llegar a ser molesto, con paso firme tras un día intenso en el que todo me había salido bien, tenía un cargo de responsabilidad, mucha presión, muchas decisiones, un profesional muy valorado y en un buen momento, salía con euforia, como cada día que cumplía mis expectativas, pero el dolor empezaba a aparecer.
Por la acera me dirigía a la boca de metro que cada día utilizaba para volver a mi casa, poco a poco me fui relajando según iba pasando el tiempo desde que abandoné la oficina, sentado en un asiento, iba repasando el día, pero con más frecuencia me iba perdiendo pequeños tramos de tiempo que cada vez aumentaban, mirando un cartel, los zapatos de alguien, un rostro bonito, poco a poco, la oficina, el trabajo, las responsabilidades se iban agazapando, dejando que fluyera el relajo. De la misma manera, el vagón abarrotado de las estaciones del centro de la ciudad se iba convirtiendo en un vagón con espacios, con sitios donde sentarse, donde me sentaba en una ventanilla y me dedicaba a observar, una vez el metro había salido al exterior, como la ciudad se iba iluminando.
Llegado a mi parada, salí, ya pasada la euforia del día, despacio fui haciendo el recorrido hasta mi casa, sin prisa, desde fuera se podía pensar que disfrutando del paseo, pero no era así, sentía…., dolor…
Como cada día me paré en los mismos escaparates, entré en las mismas tiendas, en realidad me sabía de memoria lo que había, nada nuevo, y además, no necesitaba nada, pero cada vuelta por un establecimiento, cada parada en un escaparate, cada rodeo innecesario retrasaba mi llegada.
Llegué al portal, abrí la puerta, fui hasta el buzón, miré, nada dentro, de todas formas lo abrí, metí la mano, exactamente lo mismo que ya había visto, nada, me dirigí al ascensor presionando el botón de llamada al llegar, cuando las puertas se abrieron entré, apreté el botón del segundo piso, ascendió, paró, se abrieron las puertas y al salir me dirigí a la puerta de mi casa, había encendido la luz, tenía las llaves en la mano, a 30 cm. de ella, mi mente se vació, así estuve un tiempo, el temporizador de la luz, cumplió su ciclo, con la luz apagada y allí solo, no podía moverme, ni hacia delante, ni hacia detrás, hacía delante sabía lo que me esperaba, una casa vacía, nadie, nada, estaría solo, pondría la televisión, me prepararía la cena y poco a poco me iría hundiendo en lo más profundo de mi soledad, en lo más profundo de mi rabia, rabia porqué no lo quería, no quería estar solo, era una persona de éxito profesional, muy valorado, disfrutaba de mi trabajo, pero cuando llegaba a mi vida, todo eso no servía de nada, todo lo bueno que había hecho durante todo el día parecía un chiste, un mal chiste de mi patética soledad, no podía compartirlo con nadie, yo había elegido pasar esto solo, no amargar la vida a nadie, no destrozarle la vida a quienes más me quisieran, por eso los alejé, pero hoy pensé que, detrás no tenía ni idea de que había, pero aunque fuera por un día tomaría ese camino.
Decidí no entrar, aunque solo fuera por un rato, quería retrasar enfrentarme con eso, me di la vuelta y me marche por donde había venido.
Mañana es un día festivo.
Salí y comencé a caminar sin rumbo, decidido a que mi ruta no tuviera fin, hasta un poco eufórico. Con el paso de los minutos, la euforia fue siendo engullida por mi apatía latente y al poco de salir ya estaba pensando que, donde iba, no tenía ganas de ir a casa, pero no iba a ser la noche que cambiara mi vida y que me convirtiera en la persona más feliz de la tierra, así que me contenté con entrar en un garito que conocía no muy lejos de allí, sin esperar más, que poder pasar el mayor tiempo posible en aquel sitio sin que me embargara un sentimiento de soledad y desolación que me hicieran regresar a mi casa totalmente destruido por la impotencia y me quedara a solas con mi único compañero, el dolor…
Nada espero, nada deseo, a poco que obtenga estaré recompensado.
Según entré me senté al final de la barra, estaba el sitio libre, así que soy el peor del local, ya que ese, siempre es el sitio de quien ostenta dicho titulo, comencé tranquilo, una cerveza y de aperitivo en un platito de cristal transparente con surtido de frutos secos..
Saqué del bolsillo de mi chaqueta el paquete de cigarrillos y las cerillas, los dejé al lado de la cerveza, me quite la chaqueta y la dejé colgada de un gancho bajo la barra, que útiles son y como se empeñan los dueños de garito en no ponerlos, saqué un cigarrillo un poco aplastado, lo estiré y encendiendo una cerilla y acercándola a su extremo, inhalé una calada hasta el fin de mis pulmones, que bien me sentó a pesar del dolor…
El ambiente era agradable, no demasiada gente, pero lo suficiente para ni agobiarte ni sentirte solo, me relaje, en la televisión unos videos de deportes extremos, y así fui terminando cervezas que había pedido tras terminar la anterior y consumiendo cigarrillos casi uno tras otro. Pasado un rato ya había intercambiado varias frases con el camarero sobre las imágenes de la tele y asentido con la cabeza sobre varios comentarios realizados por mi vecino de barra, siendo en alguna que otra ocasión reciproco, llegando incluso a compartir con el mi tabaco antes de que optara por acercarse a la maquina para tener su propio arsenal de humo en estado sólido..
La barra empezó a llenarse, mi compañero de asentimientos ya estaba a mi lado y con varios amigos suyos habíamos hecho un corro con las sillas donde varios, más joviales que el resto, llevaban el guión de la conversación, casi siempre en tonos donde el humor lo impregnaba todo, para entonces el ron con coca-cola había sustituido a la cerveza y cuando de estos su consumo se contaba en plural, el humor se retorcía llegando ya a lo soez y grotesco y yo, casi había olvidado las punzadas internas que siempre me acompañaban.
Pasado un rato, el grupo agrandado fue desgranándose en subgrupos de dos o tres, por los cuales ibas pululando, degustando de todos ellos y de ninguno, hasta que por fin llegué al estado inicial, me volví a quedar solo en aquella barra, de vez en cuando un cruce de miradas con alguno de mis compañeros de conversación, que se resolvía con un giro de cabeza hacía arriba y una sonrisa, recibiendo en respuesta el mismo gesto, si la conversación con dicha persona, por algún motivo había sido reseñable, se completaba con un brindis desde la distancia levantando cada uno nuestra consumición..
Pasé un buen rato, estaba distraído y animado, buena gente, en un ambiente así, lo normal es que cada uno muestre su lado más jovial, si no, tienes un problema, ni así yo lo tenía y lo había sacado solo para mi beneficio. Pero al final tienes que enfrentarte a tus fantasmas, por un momento, yo había albergado la ilusión de que todo pasa, todo es superable y la vida puede quitarte, para volver a darte.., es así, pero no para mi, el dolor seguía…
La vida a mi me había dado mucho, demasiado, y no podía esperar qué sería lo siguiente en darme, porque no haría olvidar lo infeliz que era, este tiempo extra en mi vida, para que me serviría, para nada, una lenta agonía hacia nada, solo me mantenía la el ficticio éxito, la ficticia posición social, que me hiciera olvidar su fecha de caducidad, crearte un yo ficticio y perfecto tiene su fallo, que no es real , esa noche fue la que tomé la decisión, no lo merecía, no merecía esa angustia al llegar a casa, esa soledad, esa desesperación.., pero había sido mi elección, con una sonrisa en el rostro, tome la decisión, no de manera traumática, sino todo lo contrario, era la primera vez desde aquello que tenía esperanza, esperanza en dejar de sufrir, esperanza en tener el control y esperanza en tener una meta, esa noche lo había visto claro, todo lo que me gustaría tener, lo tenían los que me habían rodeado esta noche y yo jamás sería capaz de conseguirlo, porque solo vivo de una imagen y no de lo que soy realmente, nunca lo conseguiría, nunca me desharía de ese dolor que siempre me acompañaba…
Acabé la copa, miré al camarero y le di todo el dinero que llevaba, ¡hasta que llegue pago yo!, me giré hacia mi grupo de tertulianos de barrio noctámbulos y les di las gracias, despedidas varias y salí, conocía mi camino, avenida abajo, tenía un buen trecho, y decidí hacerlo andando, la noche cerrada había hecho bajar la temperatura, pero el frío te aviva y comencé mi ínfimo viaje, nunca vi la ciudad tan bonita, bueno si, pero hacía mucho tiempo que no era así, era como cuando era joven y tenía una cita y yo iba con mi más preciado bien de regalo, yo, ya no sabía qué era eso, ya solo resonaban en mi mente, quimioterapia, metástasis, morfina. Por fin llegué, el río estaba precioso, me encendí un cigarrillo, lo fumé rápidamente sentándome en la barandilla, me quité el abrigo y doblándolo lo puse a mi lado en la baranda, sin más salté..

El frío calaba mi ropa llegando a mis huesos, el entumecimiento comenzaba a mermar mis movimientos, mi muerte no significaría nada, no solucionaría, pero ¿algo lo hace…? Vivir o morir, elegí decidir, me educaron para poder hacerlo, para ser coherente con mis ideas, para no tener miedo a las consecuencias, para que gracias a todo esto ser lo más libre posible, eso que tanto miedo da…, ser libre y este es mi mayor acto de libertad.
Por la mañana encontraron mi cuerpo, nada más se supo, hubo gente que lloró, pero solo lo hizo ese día, no habían estado llorando desde hace seis meses, eso les ahorré, entre la gente se comentaba, si lo tenía todo!!, los de más allá contaban lo que otros les habían contado, al parecer estaba deprimido y se ha quitado la vida, unos me compadecían, otros me criticaban, hay que echarle más cojones a la vida y tirar hacia adelante, ha cogido el camino fácil, los de mucho más allá comentaron una vez, ese es uno que se ha suicidado y fuera de ahí nada. Nadie sabrá que pasó, pero en realidad a quienes les importe prefiero que no lo sepan y a los demás me da igual, mañana seré un mero recuerdo, pero pasado mañana ni eso, patética vida, patética existencia, al menos me he saltado la patética decadencia de mi cuerpo, de mis sentimientos, de mi mente, menos mal que mis pensamientos están liberados de la superstición y la cábala y no debo pleitesía a la voluntad de Dios, menos mal que soy libre y ahora más.., no pude vivir pero al menos he podido morir..