Todo comienza con una mirada furtiva, girando la cabeza, durante un instante, solo un instante, la mirada coincide, ese instante lo ralentiza la cabeza congelándolo y creando una instantánea de la que se recorre cada detalle, cada forma, aprendiéndola de memoria, pasado ese momento, se vuelve a la velocidad normal y fijada la atención en cualquier otra cosa con un nivel de atención nulo, mientras se asiente con la cabeza se repasa la imagen congelada que ya te acompañará durante toda la noche, durante todas las noches…
Cada día es una lucha entre el deseo y la resignación, esa batalla en la que inicialmente siempre comienza ganando el deseo, el tiempo se encarga de poner en ventaja a la resignación, convirtiéndose en una mera fantasía con nulas expectativas, fantasía que acabará pasando a utopía y de ahí al olvido. Pero siempre en algún momento es rescatado, en algún momento la mirada vuelve a fijarse, allá a lo lejos un gesto, una sonrisa, una forma, destapa la utopía y por un momento vuelve a ser un deseo, que acaba siendo una frustración más.
Pero un día perdida toda esperanza, algo ocurre, toda la falta de valor que propicia la situación se reconvierte, sin saber cómo, tus manos están recorriendo su cuerpo y sin saber cómo, estás en su interior susurrando frases que muchas veces antes habías pensado y nunca dicho, frases que habías soñado y nunca imaginado poder decir. Y tras todo esto, amanece, conduciendo enciendes un cigarrillo, la misma carretera tiene otro color, cada calada tiene otro sabor, el sueño tiene otro sentido, sabiendo que el final de todo esto será desidia, será rutina, será acomodo, que nada de esto, pasado un tiempo se repetirá, pero solo puedo sonreír y disfrutar, saboreo este instante, degusto esta sensación, no por efímera puede perder su valía ya que es lo que la hace tan especial…, tanto, que lo recordaré para siempre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario